Impotencia, ira, nerviosismo, tensión, inseguridad… Son sentimientos fruto del estrés que padecemos día tras día. Aprender a controlarlos y saber cómo actuar en determinadas ocasiones puede ayudarnos a prevenir el desasosiego que causa pensar que no dominamos la situación o que las 24 horas del día no son suficientes para realizar todas las tareas que nos hemos impuesto.

El temor y la ansiedad con respecto a la COVID-19 puede generar emociones fuertes, tanto en adultos como en niños, y las medidas sanitarias, como el distanciamiento social, pueden provocar que las personas aisladas se sientan más tristes, ansiosas y estresadas y vean afectada su salud mental, a raíz de la situación excepcional actual.

 

Algunas ideas para relajarte

  • Practicar algún deporte ayuda a liberar el estrés y a reforzar valores como la autoestima, la seguridad y el compañerismo.
  • Las terapias naturales, además de relajantes, pueden ser beneficiosas para la salud. Podemos optar por la aromaterapia o la chocolaterapia –entre muchas otras–, que, además de relajar, estimulan de manera muy agradable los sentidos.
  • Un masaje o unas horas de spa ayudan a aliviar la tensión muscular. En casa, podemos prepararnos un baño con sales o con burbujas.
  • El ocio personal es imprescindible: leer un libro o ver una serie o película es una buena manera de evadirse de la realidad durante un rato.
  • Las infusiones de melisa, valeriana o tila tienen un efecto tranquilizador y constituyen un buen remedio para conciliar el sueño en épocas de estrés.

 

Actitud y control

  • Saber decir “no” sin sentirse mal: Es habitual aceptar propuestas o invitaciones que no nos apetecen, pero realizar una actividad sin ganas y sin motivación (o, peor aún, hacer algo que detestamos) genera un gran estrés, por lo que hay que aprender a decir “no” si es lo que realmente estamos pensando.
  • Contar hasta 10: Algunas contestaciones, actitudes o situaciones nos pueden sacar de quicio y hacer que mostremos nuestra peor cara, sobre todo cuando estamos tensos o estresados. Contar hasta 10 antes de actuar permitirá calmarnos y que luego no nos arrepintamos de lo que hemos dicho.
  • Positividad y entusiasmo: Es normal sentirse impotente ante determinadas situaciones, así como pensar que lo que nos está ocurriendo nos supera por completo. La conducta adecuada es pensar en positivo y contagiarse del entusiasmo y de la ilusión de los demás.
  • Descanso: Tras un día ajetreado, lo mejor es prepararse un baño relajante, ponerse cómodo y sentarse a descansar. Es importante dormir las horas necesarias para afrontar el día siguiente con la fuerza suficiente y sin agotamiento. Intenta desconectar.

 

Además, en estas épocas de estrés es muy importante tomarse un tiempo para reflexionar y analizar lo que nos sucede. Un buen ejercicio es plantearnos las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es lo que me causa estrés? Analizar el origen del malestar es primordial para combatirlo. El estrés puede deberse a la sobrecarga de trabajo, a las responsabilidades, a algún conflicto, etc.
  • ¿Cuál es mi actitud? Debemos evitar los pensamientos del tipo “no seré capaz”, “no existe una solución”, “no puedo hacerlo” o “no tiene sentido”.
  • ¿Cómo me comporto? Ciertas emociones -como el enfado, la agresividad, la tristeza, la culpabilidad o la inseguridad- pueden tener un efecto perjudicial para nuestra salud mental e incluso repercutir en nuestro estado físico. Asimismo, nuestro comportamiento puede afectar a la manera de relacionarnos con otras personas y hacer daño a los seres queridos. Debemos prestar atención a cómo actuamos y corregir los errores.
  • ¿Qué obtengo de mi comportamiento? Si al analizar los resultados de nuestra manera de actuar obtenemos afirmaciones del tipo “he tenido que coger la baja”, “cada día estoy más irascible”, “me siento agotada” o “no tengo ganas de divertirme”, es que ha llegado el momento de cambiar de actitud para evitar problemas mayores como podría ser la depresión.

 

Hábitos recomendables

  • Vida sana: Es la base del bienestar, tanto físico como mental. Seguir una dieta equilibrada, realizar ejercicio con frecuencia y respetar las horas de descanso nos ayudará a sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás.
  • Planificar las tareas y establecer prioridades: La falta de tiempo suele ser el origen del estrés, por eso tenemos que aprender a planificar las tareas y dedicar el tiempo justo a cada actividad de la jornada. En casa o en el trabajo, programar las actividades que tenemos que realizar durante el día y ordenarlas según su importancia nos permitirá que al final del día no nos quedemos con la sensación de haber sido improductivos. Debemos empezar por lo más relevante y destinar un tiempo determinado a cada tarea. De este modo, aprovecharemos el tiempo al máximo.
  • Momentos de ocio: Es esencial buscar tiempo para descansar, realizar actividades placenteras y relacionarse con los demás. El ocio siempre tiene que formar parte de nuestro día a día, ya sea en mayor o menor medida.
  • Pensar en positivo: Interpretar las nuevas situaciones como retos y no como amenazas, así como valorar los logros más que los fracasos nos ayudará a sentirnos mejor y a reducir el estrés que causan los cambios en la vida.
  • Aprender a pedir ayuda: Tendemos a pensar que lo tenemos que hacer todo nosotros mismos y muchas veces no nos atrevemos a pedir ayuda. Hay que saber cuál es nuestro límite y aceptar que el apoyo de los demás nos puede ser realmente útil. Todo ello sin infravalorar nuestras capacidades y nuestros recursos.

 

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