A pesar de la pandemia, España ha continuado en posiciones de liderazgo en el trasplante de órganos a nivel mundial durante el 2020. Y ya son casi 3 décadas ocupando esta posición. El año pasado, según los datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) se alcanzó la meta de 4.425 trasplantes, ligeramente por debajo de las cifras de 2019, un descenso que se explica por la pandemia.

Esta cifra corresponde a una proporción de 93,3 trasplantes por millón de población (p.m.p.) y ha sido posible gracias a 1.777 personas que habían hecho en vida donación postmortem de sus órganos y 268 donantes vivos de riñón o parte del hígado. La proporción de donantes llega al 37,4 p.m.p., y se sitúa por encima de países tradicionalmente avanzados en este aspecto, como Australia, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. La Unión Europea en conjunto alcanza una proporción de 22,5 donantes p.m.p. A pesar de la lógica priorización que se dio a los pacientes de Covid-19 en las UCI de los hospitales, la dedicación de los profesionales sanitarios permitió mantener esta actividad con respecto a los trasplantes.

Riñón e hígado

Los trasplantes más efectuados, según la ONT, fueron los de riñón, con 2.700 operaciones, y los de hígado, con 1.034 intervenciones. El total se completa con trasplantes pulmonares, cardíacos, intestinales y de páncreas. La actividad de trasplante de donante vivo también se ha conseguido mantener, con un total de 257 operaciones renales y 11 hepáticas, a pesar del descenso de más de un 20% en las donaciones. También cabe destacar que el año pasado se hicieron 197 trasplantes en niños, la cifra más alta de la historia de la ONT.

En cuanto a la distribución por Comunidades Autónomas, hay que decir que tanto en cuanto al número de trasplantes como el número de donantes p.m.p. es bastante equilibrada. Destacan el País Vasco y Navarra y también Cataluña, con el Hospital Clínico y el de Bellvitge como centros punteros en cuanto a la cantidad de operaciones.

A pesar de toda esta actividad hospitalaria, aún había el 31 de diciembre de 2020 cerca de 4.800 personas en lista de espera, 92 de los cuales eran niños. Es algo menos que el año anterior, un descenso que la ONT atribuye a la reducción de pacientes incluidos en las listas de espera por la saturación del sistema sanitario debido a la pandemia de Covid-19.

La rapidez es la clave

Conviene señalar la prisa que se requiere en el caso de trasplantes de órganos procedentes de defunciones por el paro irreversible cardiorrespiratorio. Hay que actuar con la máxima celeridad, ya que el organismo deja de recibir sangre de forma súbita y por lo tanto los órganos pueden deteriorarse por falta de oxígeno. Este caso, que es bastante frecuente, añade una presión extra al equipo sanitario que programa y realiza la operación. Cuando el fallecimiento es por muerte encefálica, no hay tanta prisa, ya que el organismo sigue recibiendo sangre que continúa circulando durante un cierto tiempo.

Los donantes muertos por un accidente cerebrovascular son el grupo principal, mientras que los fallecidos en accidentes de tráfico suponen sólo el 4,5%. Más de la mitad de los donantes superan los 60 años, el 28% tienen más de 70 y el 5,4% más de 80. Las negativas a la donación se sitúan en el 14%.