El invierno signfica frío y a veces, como hemos visto en los últimos días, mucho frío. Pero eso no nos obliga a quedarnos en casa. Al contrario, es recomendable salir al exterior -si el frío no es extremo, claro- porque de esta manera nuestro cuerpo se aclimata a las temperaturas bajas. Pero sí hay que tener en cuenta algunos consejos para evitar riesgos relacionados con el frío:

1 – Evitar los cambios bruscos de temperatura, especialmente los niños, los ancianos y las personas con enfermedades respiratorias. Pasar de pronto del calor al frío puede alterar algunas de nuestras funciones fisiológicas ya que los vasos sanguíneos se constriñen. Esto lo podemos evitar adecuándonos a la temperatura del lugar en el que estamos. En un centro comercial o en el coche u otros lugares cerrados y calientes, conviene quitarnos la chaqueta.

2 – La vitamina C es una gran aliada. Procura aumentar la ingestión de alimentos frescos ricos en vitamina A y, sobre todo, C porque es imprescindible para reforzar el sistema inmunológico. La vitamina C la podemos encontrar en cítricos, hortalizas y frutos secos. La naranja y el kiwi, por ejemplo, aportan mucha.

3 – Tener cuidado de la piel. Es nuestra primera barrera de protección contra el frío, pero las bajas temperaturas y la falta de humedad provocan deshidratación, sequedad, descamación y pequeños cortes o grietas. La calefacción excesiva también le es perjudicial y por eso hay que hidratarla de manera frecuente, sobre todo las partes más expuestas, como la cara, el cuello y las manos. También es recomendable utilizar protector solar.

4 – Tomar alimentos calientes. Uno de los alimentos estrella para combatir el frío es el caldo, que además de ayudar a nuestro cuerpo a mantener la temperatura también nos hidrata. Aunque en invierno sintamos menos sed, y por tanto bebamos menos agua, nuestro cuerpo la necesita igual que en verano. Si puede, tome una infusión o un caldo cada vez que vuelva de un lugar muy frío. Así nuestra temperatura se reequilibra.

5 – Abrigarse bien. Es conveniente vestirse con varias capas de ropa poco ajustada al cuerpo, abrigo y calzado impermeable, sombrero, guantes ajustados en las muñecas o manoplas -calientan más que los guantes- y bufanda u otra pieza que proteja la cara y la boca. Cuando entramos en contacto con el frío automáticamente perdemos calor del cuerpo, por eso es importante abrigarse antes de salir al exterior. Y para recuperar el calor perdido cuando volvamos a casa, es una buena idea hacernos un masaje en los pies para reactivar la circulación.

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Y, sobre todo, huya del frío cuando comience a temblar. Es el principal señal que nos indica que tenemos que entrar en calor. Cuando estamos en un ambiente muy frío y empezamos a temblar es porque nuestro cuerpo ya está consumiendo calorías para liberar calor y combatir el frío corporal. Hay que tener especial cuidado con los niños pequeños y con los ancianos, que no notan tanto la sensación de frío.

El frío y los virus

También debe tener en cuenta que el frío no provoca la gripe y los resfriados. Estas enfermedades están provocadas por los virus que se contagian sobre todo en ambientes cerrados, cuando la gente estornuda, tose o habla, como hemos aprendido durante la pandemia de Covid-19. Por ello, no hay que alarmarse si nos empieza a gotear la nariz. No es un resfriado repentino, sino un mecanismo inteligente de nuestro cuerpo ante los cambios bruscos de temperatura. La nariz es el primer órgano que debe adaptarse y es el encargado de calentar el aire que respiramos para que llegue cálido y húmedo en los pulmones.

Este invierno tenemos una protección extra con la que no contábamos: las mascarillas. Además de ser una herramienta básica en la lucha contra la pandemia, también contribuyen a que el aire que respiramos cuando estamos en el exterior no sea tan frío en el momento de inhalarlo por la boca o la nariz. Es una pequeña ayuda más.