Las cataratas no se pueden prevenir, pero sí en su gran mayoría se pueden curar, sobre todo si se hace un diagnóstico precoz que determine el momento adecuado para operarla. Por ello, es importante que se hagan revisiones periódicas con el oftalmólogo a partir de los 45-50 años. También es importante visitar al especialista si se detectan problemas de visión como visión borrosa o doble, molestias cuando hay mucha luz, dificultad para conducir de noche, aumento de la miopía o no poder leer letras pequeñas.

Una vez detectada la catarata, también es importante seguir unos hábitos de vida que no perjudiquen la salud de nuestros ojos, como el tabaco, una alimentación desequilibrada o exponerlos al sol sin la protección adecuada. De hecho, estos elementos también pueden contribuir a la aparición de la catarata, que si no se trata, nos dejará sin ver de manera progresiva.

Las cataratas son una de las primeras causas de ceguera en el mundo, sobre todo en países poco desarrollados, mientras que en los lugares de rentas más altas es la primera patología en número de intervenciones. En Cataluña, se ha operado casi 16.000 veces este año y todavía hay cerca de 24.000 pacientes en lista de espera, en cuanto a la sanidad pública. Las listas de espera son de casi seis meses.

Una patología que afecta a los mayores de 65 años

La importancia cuantitativa de las cataratas se debe, sobre todo, al aumento de la esperanza de vida, ya que el principal tipo de esta patología está relacionada con la edad. Se calcula que la mitad de personas de más de 65 años están afectadas de cataratas. Pero, aunque minoritarios, también hay casos de cataratas por condicionantes genéticos, traumatismos oculares, enfermedades del ojo y otras enfermedades como la diabetes o la hipertensión y también pueden estar relacionados con el consumo de algunos fármacos como los corticoides.

La catarata se produce por la pérdida de transparencia del cristalino, que es la lente que hay detrás de la pupila. Esta lente es la que nos permite que podamos enfocar cuando miramos. Si el cristalino se va volviendo opaco, provoca que de manera progresiva se vaya perdiendo la visión.

Tratamiento

Por ello, el único tratamiento eficaz consiste en operar el ojo para sustituir el cristalino natural por una lente artificial. Previamente, se deshace la catarata y se aspira con ultrasonidos (el método convencional) o, en los últimos años, con láser.

Las mejoras en los tratamientos hacen que hoy por hoy la intervención dure alrededor de los 10 minutos (en función, claro, de la gravedad de la catarata) y que no requiera ni anestesia local, sólo unas gotas anestésicas. Además, la recuperación es muy rápida y en pocas horas ya se puede tener una visión bastante buena, que irá mejorando de manera progresiva en las semanas siguientes.

Las cataratas se operan desde hace siglos y hasta el siglo XVIII se utilizaba una técnica llamada reclinament. Consistía en introducir una aguja en el ojo para dislocar el cristalino y empujarlo contra el humor vítreo.