La primavera es una época del año propicia a las alergias, debido al florecimiento de muchas plantas. El polen de estas flores se esparce por el aire y, al ser respirado por personas sensibles, les desencadena síntomas alérgicos. Pero esta afección, que puede ser puntual de la primavera, también puede sufrirse el resto del año si la persona es sensible a otros elementos y sustancias.

Y esa es la primera duda que hay que aclarar: ¿somos alérgicos a algo? Los síntomas varían según el órgano que esté afectado, pero pueden ir desde conjuntivitis y rinitis -si afecta a los ojos y la nariz- hasta asma bronquial – si afecta a los bronquios- y urticarias -en el caso de la piel-. Cuando la afectación es general, se puede desarrollar lo que se llama una anafilaxia, una reacción mucho más grave que suele empezar con picor en todo el cuerpo, seguido de dificultad respiratoria y caída de la tensión arterial. Si no se trata de forma urgente, puede provocar la muerte de la persona.

A qué somos alérgicos

Si sospechamos que tenemos alguna alergia, viene la segunda duda: ¿a qué sustancia o producto somos sensibles? Si la relación causa-efecto no es muy evidente, tendremos que estar alerta de cuándo sufrimos los síntomas y en qué circunstancias, porque es lo primero que suelen preguntar los médicos. Además, también es importante saber si tenemos antecedentes familiares de alergia y establecer si existe relación alguna entre el aumento de los síntomas y los lugares de residencia y de trabajo o el contacto con determinados animales o plantas.

A partir de este primer análisis, se pueden realizar diversas pruebas diagnósticas para determinar cuál es la causa de la alergia:

  • Pruebas cutáneas. Se inocula el alérgeno sospechoso en la piel para ver si produce reacciones.
  • Análisis de sangre. Sirve para determinar la presencia de anticuerpos específicos para determinadas substancias.
  • Pruebas de exposición controlada. Se practica cuando el diagnóstico todavía no está claro. Se puede realizar un test de provocación ocular, nasal o bronquial con el alérgeno sospechoso o un test oral o inyectado con el alimento o medicamento sospechoso. Y a partir de ahí, estudiar los síntomas que provoque. Esta prueba se realiza en el hospital.

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En crecimiento

La alergia es una respuesta inmunológica exagerada del organismo al entrar en contacto con determinadas sustancias o productos externos. Son elementos que a la mayoría de las personas no les afectan, porque normalmente no son nocivos. Los alérgenos más comunes son los ácaros del polvo, el polen, el pelo de algunos animales y las esporas de los hongos. Pero también hay bastante gente sensible a determinados alimentos, al látex, a varios medicamentos… la lista es larga.

En los últimos años se ha observado un incremento de los casos de alergia en los países desarrollados, donde ya afectan a más del 20% de la población. Un crecimiento que se atribuye a factores ambientales -como la contaminación– y también, paradójicamente, al hecho de ser un entorno con buenas condiciones sanitarias e higiénicas. Esto hace que nuestro cuerpo no tenga que afrontar tantos gérmenes como años atrás y entonces nuestro sistema inmunitario reacciona atacando sustancias que no son nocivas.

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