¿Qué es la inteligencia emocional?

Entendemos por inteligencia emocional la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, que permite a las personas aumentar su motivación y nos ayuda a mejorar nuestras relaciones sociales.Es un concepto que cada vez se valora más como competencia personal, y que en el ámbito laboral de la salud implica diferentes aspectos que acontecen claves para una buena práctica profesional, dado que estamos hablando de un trabajo que se identifica con personas que tienen cura otras personas.

En todas las profesiones se tienen que tener en cuenta los conocimientos técnicos, así como el grado de experiencia. Pero con esto no tenemos bastante. También valoramos siempre las actitudes y los valores personales, y más todavía cuando se trata de desarrollar un trabajo en el cual atendemos personas, por lo cual las emociones y los sentimientos son presentes de forma constante y la inteligencia emocional es una competencia que permite resolver con éxito las exigencias que los profesionales de la salud se encuentran en su actividad cotidiana.

Diferenciamos dos tipos de inteligencia emocional: la interpersonal y la intrapersonal. La primera se refiere a la capacidad de tener en cuenta que las personas con las que nos relacionamos tienen emociones y sentimientos, y que estos afectan a la nuestro relación con ellas. Por otro banda, la inteligencia intrapersonal implica el conocimiento y la autogestión de nuestras emociones y sentimientos porque también influenciarán en la relación con el entorno y por lo tanto a la atención que hacemos como profesionales de la salud.

En el últimos años se han hecho muchos estudios que sacan a la luz los aspectos psicobioneurológicos de la inteligencia emocional, poniendo de relieve que la en relación el volumen regional de materia gris (temporal) y la disposición del pensamiento crítico. Estos estudios demuestran que los individuos con una mejor disposición del pensamiento crítico obtienen la capacidad de reconocer y regular las propias emociones. También podemos ver que el volumen de materia gris regional (rGMV) en el polo temporal bilateral refleja la capacidad de un individuo para procesar la información social y emocional.

¿Las emociones se enseñan o se viven?

Esta es una discusión con la que podríamos llenar muchos debates y nos costaría llegar a un acuerdo unánime, pero el que si que tenemos claro es que las habilidades sociales se pueden aprender y que mejoran nuestra inteligencia emocional, por lo cual, y dado que los profesionales de la salud tenemos que estar siempre a punto para mejorar nuestras competencias, también aquí tenemos que estar dispuestos para crecer y ser mejores.

Y ¿cómo podemos mejorar? El trabajo no es fácil, pero podemos pensar en diferentes actitudes profesionales que nos ayudarán:

  • Sugerir y no imponer: Hay que compartir con la persona atendida la situación y sugerir lo que consideramos más oportuno. Si tiene capacidad para hacerlo será la propia persona quien decidirá, esto es lo que entendemos por empoderar a las personas.
  • Respetar la forma de vida del otro: Ser respetuoso con las ideas, los pensamientos, las opiniones de las otras personas. Es un concepto muy evidente, pero a menudo ponemos nuestros conocimientos técnicos por ante todo y perdemos de vista a la persona atendida.
  • Discreción: Cuando cuidamos otras personas, a menudo, tenemos mucha información sensible de estas personas, y con esta información nos dan su confianza, y para no perderla es muy importante dar valor y ser discretos con esta información personal.
  • Tener conciencia de riesgo: Tal como hemos dicho, es muy importante tener en cuenta los deseos y necesidades de las personas que atendemos, pero también hay que tomar conciencia del peligro de algunos comportamientos que pueda adoptar la persona/familia y ofrecer ayuda para poner remedio.
  • Respetar la dignidad: No hacer discriminaciones de ningún tipo, mostrar una actitud positiva, de optimismo, empatía, ayuda, confianza y tranquilidad. Tratar con respeto, dirigiéndose a él con educación y respetando su intimidad personal los espacios físicos y sus pertenencias.
  • Motivar la persona para que utilice el máximo sus capacidades, no hacer las cosas para ganar tiempos, tener paciencia y respetar los ritmos de cada persona. Utilizar un lenguaje claro, adecuado al nivel de la persona, con instrucciones precisas, frases cortas y un tono de voz adecuado.

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Educación emocional para profesionales de la salud

Para poder desarrollar nuestra inteligencia emocional intrapersonal es necesario trabajar nuestra autoconciencia (conocernos a nosotros mismos), la autoregulación (aprender a regular nuestras reacciones ante sentimientos y emociones) y la motivación (no tenemos que dejarnos caer en la frustración, tenemos que valorar nuestros éxitos y aprender de los fracasos). Para mejorar nuestra inteligencia interpersonal tenemos que potenciar nuestras habilidades sociales.

Los profesionales de la salud tienen que aprender a utilizar la inteligencia emocional para organizar las destrezas interpersonales y de comunicación en el ámbito de la profesión. Está demostrado que esto nos permite mejorar:

  • La relación con los pacientes, y aspectos relacionados con la calidad de la cura y la satisfacción de la persona atendida.
  • Un profesional con unas adecuadas habilidades de comunicación clínica disminuye el número de demandas recibidas y aumenta el grado de adherencia de los pacientes a los tratamientos.
  • El rendimiento, el nivel de implicación y la satisfacción profesional.
  • Evita la llamada disonancia emocional y el síndrome de burnout, que a menudo trae a la despersonalización y el maltrato hacia los pacientes.
  • Tenemos que valorar la importancia d‘aprender de la inteligencia emocional a la educación sanitaria de los profesionales, para ayudar a comprender y crear una forma inteligente de sentir, cultivando sentimientos equilibrados. La enseñanza de emociones inteligentes depende de la práctica, el entrenamiento y su perfeccionamiento y, no tanto, de la instrucción verbal.La educación emocional ayuda a mitigar el posible desgaste de las relaciones que los profesionales establecen con los pacientes y también a identificar las emociones y sentimientos que lo mueven, y hacer un correcto manejo, de forma que si lo conseguimos, podremos conducir las emociones de los pacientes, y el más importando podrá ayudarnos a manejarlas correctamente, en lugar de evitarlas.

Quique Gómez

Psicólogo