Los SARS-CoV-2 es el coronavirus responsable de la enfermedad Covid-19, que nos ha llevado a sufrir, desde hace casi 2 años, una de las peores pandemias de la humanidad. Fue detectado por primera vez en China en diciembre de 2019 y desde entonces se ha extendido por todo el mundo. La explosión de la pandemia ha ido acompañada por un esfuerzo sin precedentes en el ámbito científico y sanitario para desarrollar las vacunas necesarias para frenar la enfermedad. Pero también ha ido acompañada de la mutación del virus.

Los virus mutan siempre. Es un mecanismo que tiene como objetivo aumentar su capacidad de infección de los organismos a los que ataca. Por ello, a menudo las mutaciones permiten al virus tener un mayor grado de trasmisión de un individuo a otro. De hecho, desde su aparición, el SARS-CoV-2 puede haber sufrido miles de mutaciones, pero han aparecido cuatro variantes principales, que han sido bautizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con letras griegas para evitar así que se designen con su lugar de aparición y se pueda hacer un uso político de ello.

Aparte de la cepa principal detectada en Wuhan en diciembre de 2019, en estos momentos las autoridades sanitarias tienen bajo vigilancia estas cuatro variantes:

  • Alfa: detectada en el Reino Unido en septiembre de 2020. Tiene una segunda variación que apareció en enero de 2021.
  • Beta: la muestra más antigua es de mayo de 2020 en Sudáfrica, pero se clasificó como variante de preocupación en enero de 2021.
  • Gama: se detectó en Brasil en noviembre de 2020
  • Delta: la primera muestra de la que se tiene constancia se recogió en la Índia en octubre de 2020

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Varios efectos posibles

Todas estas variantes están bajo investigación para determinar qué efectos pueden provocar y estudiar si las vacunas son igual de efectivas o hay que adaptar la formulación actual. La aparición de las nuevas cepas es demasiado reciente aún para tener resultados concluyentes, pero se sabe, por ejemplo, que las variantes Alfa y Delta son más transmisibles que el virus original de China.

También se sabe que las mutaciones pueden generar consecuencias como estas:

  • Aumento de la transmisibilidad
  • Aumento de la morbilidad
  • Aumento de la mortalidad
  • Capacidad para eludir la detección mediante pruebas diagnósticas
  • Disminución de la susceptibilidad a los fármacos antivirales
  • Disminución de la susceptibilidad a los anticuerpos neutralizantes
  • Capacidad para eludir la inmunidad natural y causar reinfecciones
  • Capacidad para infectar individuos vacunados
  • Aumento del riesgo de sufrir afecciones como el síndrome inflamatorio multisistema o la Covid persistente
  • Incremento de la afinidad por grupos clínicos o demográficos concretos, como niños o individuos inmunodeprimidos

¿Funcionan las vacunas?

Otro factor que todavía se está investigando es qué protección ofrecen las vacunas ante estas nuevas variantes. De momento, se han hecho varios estudios, todavía muy preliminares y no completos, es decir, no se han estudiado todas las vacunas con todas las variantes. En estos trabajos se indica, por ejemplo, que las fórmulas de Oxford-AstraZeneca, Pfizer-BioNTech y Novavax mantienen la eficacia contra la variante Alfa, pero se ha detectado una reducción variable -también con la vacuna de Janssen- respecto a la Beta. Pero hace falta aún mucha más investigación para concretar estos datos y encontrar la mejor fórmula para tirar adelante la campaña de vacunación mundial que detendrá la pandemia.