Una de las pruebas médicas más habituales hoy en día es la resonancia magnética, un método que permite obtener imágenes mucho más precisas del interior del cuerpo que las que proporcionan las radiografías. Además, a diferencia de las radiografías o de la tomografía computarizada, no utiliza rayos X ni ningún elemento radiactivo, sino un potente imán y ondas de radio. Las señales del campo magnético rebotan en el cuerpo y cada tejido devuelve señales diferentes. Un ordenador recoge estas señales y las convierte en imágenes. En una sola sesión se pueden recoger miles de imágenes.

La resonancia magnética se utiliza normalmente para explorar determinadas partes del cuerpo para valorar su estado o facilitar que los médicos puedan hacer un buen diagnóstico. La lista de procedimientos es larga, ya que se utiliza desde para rupturas de ligamentos hasta el análisis de tumores -tanto para detectarlos como para hacer un seguimiento-. Son muy útiles para explorar el cerebro, la médula y el sistema musculoesquelético. También permite disponer de imágenes fiables del funcionamiento de algunas partes, como por ejemplo el flujo sanguíneo.

Atención con los objetos metálicos

La prueba suele durar entre 20 y 60 minutos durante los cuales el paciente debe estar completamente quieto, tumbado en una mesa móvil que se introduce en el interior de la máquina. A veces, para ver mejor algunas partes del cuerpo puede ser necesario administrar un contraste en el flujo sanguíneo. También se puede valorar la posibilidad de poner sedación en pacientes que estén nerviosos -si tienen claustrofobia, por ejemplo- o en los niños y niñas, por la dificultad de que se estén quietos.

Como el aparato consiste en un imán potente, hay que evitar entrar con objetos metálicos, como clips del pelo, piercings, joyas y relojes, cremalleras y botones o tarjetas de crédito. Por ello, si el médico le propone hacerse una resonancia debe informarle de si lleva:

  • un marcapasos
  • grapas para aneurisma cerebral
  • algunos tipos de válvulas cardíacas artificiales o algunos tipos de stents vasculares
  • implantes cocleares en el oído interno
  • articulaciones artificiales implantadas recientemente
  • algunos implantes dentales

Igualmente, también debe informar al médico de si está embarazada o está dando el pecho, si sufre claustrofobia o insuficiencia renal grave, si tiene el hígado trasplantado o si sospecha que puede tener alergia al contraste -los pocos casos reportados están relacionados con la insuficiencia renal-. Para los casos de claustrofobia, además de la sedación, se puede recomendar también hacer la exploración en una máquina de tipo abierto, en el que el aparato no está tan cerca del cuerpo.

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Menos de 50 años

La técnica de la imagen por resonancia magnética (IRM) es relativamente nueva, ya que no tiene ni 50 años. La primera IRM se publicó en 1973 y los primeros estudios en humanos se publicaron cuatro años más tarde. En cambio, la primera radiografía en un ser humano se tomó en 1895. La imagen por resonancia magnética se desarrolló a partir de la resonancia magnética nuclear.