Se calcula que en España la apnea del sueño afecta a una cuarta parte de la población adulta como mínimo. Pero esto sólo es un cálculo, ya que esta patología está infradiagnosticada por el desconocimiento que tiene la población. Durante mucho tiempo se ha pensado que los ronquidos eran un hecho molesto pero sin demasiada importancia. En los últimos años, sin embargo, la población va tomando conciencia de que pueden ser un síntoma de algún trastorno del sueño y, sobre todo, de la apnea.

La apnea del sueño se clasifica en tres patologías diferentes, según su origen:

  1. Apnea obstructiva: es el tipo más frecuente, ya que significa el 84% de los diagnósticos. Se produce cuando el aire deja de fluir en los pulmones debido a algún bloqueo en la nariz o en la garganta, como la relajación excesiva de los músculos, el peso del cuello o por una amigdalitis, entre otros motivos.
  1. Apnea central: puede ser causada por algunos tratamientos médicos con opiáceos, por la insuficiencia cardíaca o algunas enfermedades o lesiones del cerebro. En algunos casos, la vía respiratoria no está obstruida, pero el aire no circula porque la persona no hace el esfuerzo de respirar. Además, no es habitual que se ronque, o sea que la patología puede pasar desapercibida.
  1. Apnea mixta: es una combinación de los dos casos anteriores, o sea no se hace el esfuerzo para respirar y, además, se sufre una obstrucción.

Señales de aviso

La primera señal de que se puede sufrir una apnea del sueño son los ronquidos y es probable que lo detecten antes los que duermen con la persona afectada. No siempre el hecho de roncar está asociado a esta patología, pero hay muchas probabilidades de que así sea.

Aparte de los ronquidos, puede que se sufra una apnea si se detectan los siguientes síntomas:

-fatiga permanente

-dolor de cabeza por la mañana

-sudores nocturnos

-aumento de peso

-falta de energía, de capacidad de concentración o de memoria

-disfunción sexual

-deseo de orinar de manera frecuente durante la noche

L’apnea del sueño también se ha relacionado con algunas enfermedades, como la diabetes tipo 2, la obesidad, la hipertensión o la insuficiencia cardíaca. Por lo tanto, si una persona sufre alguna de estas afecciones, debería controlar con el médico que no sufriera también un trastorno del sueño.

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Fragmentación del sueño

Las apneas pueden durar pocos segundos y hasta dos minutos en casos extremos. Esta interrupción de la acción de respirar provoca que bajen los niveles de oxígeno en la sangre. Además, las apneas provocan una fragmentación del sueño y, por lo tanto, la persona afectada no descansa bien.

La apnea también está relacionada con cambios en los estados de ánimos y la pérdida de la capacidad de concentración y de memoria. Cuando es severa, también aumenta el riesgo de sufrir hipertensión arterial, cardiopatía isquémica y accidentes vasculares en el cerebro. La apnea es una enfermedad típicamente masculina y de la edad adulta, pero los estudios indican que a partir de la menopausia aumenta la incidencia entre las mujeres.

Entre las modalidades de tratamiento, hay desde la pérdida de peso -en caso de que sea necesario- y evitar el alcohol, los tranquilizantes y el tabaco, además de recomendaciones como no dormir boca arriba o hacer un poco de ejercicio por la noche. En casos complicados, puede requerir una intervención quirúrgica de las vías respiratorias o el uso de algún dispositivo para dormir -tipo mascarilla- que asegure la entrada de aire a los pulmones mientras se duerme. Estos dispositivos, sin embargo, no curan la patología.