“Tienes mala cara, ¿estás bien?”. Esta es una pregunta muy habitual tras una noche de insomnio o si estamos cansados, pero también en épocas de estrés o cuando llevamos una temporada sin cuidarnos demasiado. Y es que nuestra cara suele reflejar cómo nos sentimos por fuera, pero también por dentro. Independientemente de la mirada o de si tenemos ojeras, nuestra piel proporciona grandes dosis de información sobre nuestro estado de salud.

Generalmente, tener una piel radiante es sinónimo de bienestar. Más allá de su papel estético, este órgano funciona como barrera protectora ante agentes externos. En este sentido, la piel ejerce la importante función de filtrar lo que resulta dañino para nuestro cuerpo, como la contaminación o los rayos solares, y nos protege del frío, el viento, la humedad… Por ello, mantener una piel saludable resulta primordial.

Aquí recogemos algunos consejos y tratamientos que se pueden aplicar a diario para que la piel tenga una apariencia impecable.

 

Los cuidados esenciales

Los dermatólogos aconsejan seguir unas pautas básicas para cuidar la piel de forma sencilla y efectiva. Se trata de limpiarla, exfoliarla, hidratarla y protegerla del sol, sea cual sea nuestra edad. El resto de tratamientos, por ejemplo, a base de mascarillas regeneradoras, sérums reparadores o cremas reafirmantes, aunque no son imprescindibles, también resultan muy recomendables a partir de ciertas edades, cuando los radicales libres empiezan a atacar nuestras células y a envejecer el cutis.

 

Primer paso: limpieza e hidratación

Acné, brillos, arrugas, manchas, opacidad… Antes de intentar atacar directamente cualquiera de estos problemas, es imprescindible asegurarse de realizar diariamente una limpieza cutánea adecuada. Lo ideal es lavarse la cara por la mañana y, sobre todo, por la noche, antes de acostarnos, para retirar todas aquellas impurezas que hayamos podido acumular durante el día, así como el maquillaje, si es que utilizamos.

Es aconsejable empezar con una exfoliación o peeling, procesos en los que se busca eliminar las capas superficiales de las células y estimular la renovación de la piel. Posteriormente, se debe hidratar y nutrir la dermis con un producto específico (preferiblemente no graso), adecuado a cada tipo de piel, que aporte el agua y las sustancias necesarias para recuperar un aspecto saludable y un tacto agradable.

 

Reparar pieles dañadas

Intentar reparar una piel muy dañada empleando solo cremas suele ser un proceso muy lento, si lo comparamos con la efectividad y la rapidez de los tratamientos que se realizan en clínicas dermatológicas o estéticas. No obstante, existen diferentes productos que se pueden aplicar en casa y que ayudan tanto a hidratar y nutrir los cutis en mal estado como a estimular la regeneración de las células. Algunas cremas y lociones, además de hidratar, consiguen revitalizar, rejuvenecer, aportar luminosidad y tonificar la piel gracias a ingredientes como el ácido hialurónico o los antioxidantes naturales (vitaminas y minerales).

 

Nutricosmética para mimar la piel

El objetivo de la nutricosmética es el cuidado de la piel –un aspecto que tiene en común con la cosmética convencional–, pero “desde dentro del cuerpo”. Esta propuesta realiza una acción más profunda sobre el cutis, alcanzando puntos donde las cremas, geles y sérums tradicionales no llegan.

La administración de la nutricosmética responde normalmente a la ingesta de cápsulas o preparados que incluyen una importante base de nutrientes que se extraen de los propios alimentos, principalmente vegetales. Se emplean como complemento de la dieta, nunca de forma sustitutiva, y suelen estar formados por antioxidantes, activadores del colágeno, minerales, aminoácidos, polifenoles, oligoelementos y vitaminas A, D, E y K, nutrientes que actúan sobre aquellas funciones del organismo que trabajan para lograr una piel sana y joven.

 

Aplicación de mascarillas

Las mascarillas son uno de los tratamientos cutáneos que podemos emplear en casa con buen resultado. Para elegir la más adecuada, hay que tener en cuenta el efecto deseado y las necesidades específicas de nuestra piel.

La piel del rostro es una de las más expuestas a los agentes externos. A diario, le afectan los rayos solares, la contaminación, el aire acondicionado, el frío, el viento… Elementos que van deteriorando su aspecto y mermando su salud. Contrarrestar estas agresiones es indispensable para evitar la aparición de arrugas, descamación, puntos negros, manchas o acné, imperfecciones que reflejan la falta de un cuidado específico para esta parte del cuerpo y que, si no se tratan de inmediato, pueden llegar a convertirse en un problema mayor y requerir un tratamiento más complicado.

Las mascarillas faciales pueden ayudar al respecto. Son de los pocos recursos que, tras su aplicación, proporcionan una sensación inmediata de bienestar y una tez suave al tacto, luminosa y rosada. Su acción se basa en su poder estimulante: dilatan los vasos sanguíneos superficiales y la epidermis absorbe los principios activos que contienen. Así, los poros se comprimen y el resultado es un cutis terso, liso y luminoso. Además, potencian el efecto de los cosméticos que empleamos habitualmente y, dependiendo de su composición, tienen la facultad de corregir las imperfecciones.

 

¿Qué tipo de cosmético necesito?

Estamos acostumbrados a autodiagnosticarnos y comprar aquellos productos que consideramos que son los mejores para nuestra piel. Pero, en muchas ocasiones, nuestro diagnóstico es erróneo. Una piel con acné no tiene por qué ser grasa, y un problema de rosácea puede requerir un tratamiento médico específico… Por ello, lo ideal es acudir a un especialista y que sea él quien nos recomiende qué cosmético utilizar o qué composición deben tener los productos que mejor le irán a nuestra piel.

Aparte, antes de elegir un producto u otro, hay que tener muy claro qué efecto se quiere conseguir, y es básico leer atentamente las explicaciones de uso que aparecen en el envase o seguir las indicaciones que nos haya dado el médico.

Según la acción que ejercen sobre la piel, los cosméticos pueden ser:

  • Hidratantes y nutritivos. Los expertos aconsejan aplicar una crema, gel o sérum hidratante a diario. En pieles maduras puede ser necesario emplear, además, una mascarilla dos veces por semana para conseguir un aporte extra de nutrientes.
  • Purificantes y exfoliantes. El maquillaje, la secreción sebácea, las células muertas, la polución… obstruyen los poros y, cada cierto tiempo, es necesario realizar una limpieza en profundidad. Con los productos purificantes se consigue eliminar las impurezas y recuperar el aspecto nítido de la tez. Las mascarillas de este tipo deben aplicarse semanalmente en el caso de pieles mixtas y grasas. Para las pieles sensibles es suficiente una mascarilla puntual, cada tres semanas, por ejemplo; aunque lo recomendable es que un profesional nos indique cada cuánto aplicar estos productos en nuestra piel.
  • Son cosméticos similares a los hidratantes y nutritivos, pero que, en su composición, suelen presentar vitaminas, minerales, antioxidantes, oligoelementos, etc., que ayudan a conseguir que la piel se vea tersa, firme y rejuvenecida. Son ideales para pieles maduras.
  • Calmantes y relajante El estrés, los nervios y el cansancio se reflejan en el rostro. Las arrugas aparecen más marcadas y las facciones se tensan. Para relajar el cutis y darle un aspecto saludable se pueden aplicar cosméticos relajantes, que en muchos casos tienen un efecto inmediato.

 

En el caso de tener una piel muy grasa

Una piel grasa se puede identificar, generalmente, porque tiene brillos, un aspecto oleoso y es propensa a la aparición de puntos negros y espinillas. Aparece cuando las glándulas sebáceas producen sebo de forma excesiva. Este exceso de grasa se manifiesta de forma más visible en zonas como, por ejemplo, la frente, la nariz y la barbilla, la también llamada zona “T”.

Las personas con este tipo de piel suelen tener los poros dilatados y la piel es más gruesa. En los casos más severos, se observa una capa grasa al tocar la piel. Si afecta al cuero cabelludo, la seborrea hace que el pelo esté graso y pegajoso. ¿Qué rutina seguir para cuidar este tipo de piel?

  • Cuando se tiene la piel grasa es preciso recurrir a productos específicos para ello, como jabones y geles para el rostro, e hidratantes libres de aceites para el cuerpo. No hay que utilizar cremas que contengan vaselinas o sean muy untuosas.
  • La piel se debe limpiar suavemente, sin irritarla, por la mañana y por la noche, utilizando agua tibia y jabón. Para la piel del cutis, en el caso de las personas de piel más oleosa, los dermatólogos recomiendan geles matificantes o dermolimpiadores con Ph neutro que eliminen los brillos y limpien en profundidad.
  • A la hora de secarse, hay que hacerlo cuidadosamente, sin frotar. Tras la limpieza, un tónico cerrará los poros dilatados y equilibrará el pH cutáneo, puesto que mantener el pH de la piel evita la profusión de bacterias. Aparte de los cuidados realizados en casa, cada dos o tres meses se puede realizar una limpieza facial profesional que elimine las impurezas del cutis.
  • La creencia de que la piel grasa no necesita hidratación está muy extendida, pero es errónea, ya que el exceso de grasa tiende a disimular las descamaciones, pero no hidrata la piel. La clave al hidratarse es optar siempre por fórmulas que estén libres de aceites, texturas que aporten agua, pero no grasa.
  • La rutina de cuidados de la piel puede complementarse con una mascarilla de arcilla o barro una vez a la semana para absorber temporalmente la grasa.
  • La exfoliación debe hacerse regularmente, pero sin excederse. Es un error pensar que cuanto más se exfolie la piel, mejores resultados se obtendrán, ya que, en ocasiones, podría ofrecer un efecto rebote y producir más grasa.
  • A la hora de elegir un maquillaje, hay que escoger uno que sea específico para este tipo de pieles; sin aceites que obstruyan los poros y que puedan provocar la aparición de granos. Los productos cosméticos hechos a partir de agua son los más indicados, ya que controlan los brillos y se han formulado para absorber y disimular la grasa de la piel. Aparte de utilizar maquillaje de textura ligera, hay que procurar no abusar de la cantidad de producto que se aplica sobre el rostro.
  • Para disimular los indeseados brillos en la cara se pueden utilizar polvos traslúcidos libres de aceites, que se aplican sobre el rostro con la ayuda de una borla para luego retirar el exceso con una brocha.
  • Es necesario limpiarse el rostro y desmaquillarse bien antes de irse a la cama. El maquillaje se asienta en los poros y estos se obstruyen si no se elimina por completo. Al igual que por la mañana, los pasos obligados para una limpieza completa por la noche son aplicar desmaquillante a base de agua, limpiar la cara correctamente, seguir con un tónico que ayude a controlar la grasa en la piel y finalizar con la aplicación de una crema hidratante.

 

Lograr combatir el acné

La excesiva actividad de las glándulas sebáceas es la causa principal del acné, cuya aparición puede llegar a provocar un fuerte impacto psicológico en las personas que lo padecen. La grasa tapona los poros y, una vez bloqueados, se va acumulando el sebo, se produce inflamación y se crea un medio ideal para las bacterias, que favorecen el enrojecimiento, las alteraciones y los granos. ¿Qué puedes hacer para tratar el acné efectivamente?

  • Un exceso de sebo en la piel puede hacer que los poros tiendan a obstruirse, provocando el acné. Para frenar la aparición de espinillas y granos, la piel necesita un tratamiento específico prescrito por el dermatólogo y una rutina de tratamiento cosmético adaptada.
  • En estos casos, hay que limpiar diariamente la piel con productos formulados especialmente para esa piel y utilizar un producto de tratamiento todos los días. Se requiere constancia a la hora de aplicar dicho tratamiento, pues el acné puede mantenerse activo meses o años.
  • No se deben manipular los granos, ya que podrían quedar cicatrices. Al apretar los granos podemos transformar una lesión que iba a desaparecer en poco tiempo en otra que resulta mucho más visible, más duradera y que, al curarse, dejará como secuela una cicatriz.
  • El maquillaje que se utilice tiene que ser no comedogénico, lo que significa que sus componentes no obstruyen los poros.
  • Es conveniente proteger la piel del sol, puesto que, a pesar de la creencia general, es un falso amigo del acné.
  • El tratamiento debe ser individualizado en cada caso, dependiendo del tipo de acné, de su severidad y de la edad del paciente. Siempre hay que seguir las indicaciones del dermatólogo, que normalmente recomendará tratamientos con cremas antiacné o antibióticos orales.