Por Keyko Araujo, fisioterapeuta del equipo de Dependentia

Todos los profesionales que están plantando cara a la pandemia se han convertido en verdaderos héroes y heroínas. Luchan sin descanso, son los más expuestos al contagio al estar en primera línea y a estas alturas están exhaustos y desbordados. Algo que, sin duda, les está pasando, o les pasará en algún momento, factura, pero ellos no se rinden.

El personal sanitario, profesionales de la salud, servicios sociales, bomberos, cuerpos de seguridad, trabajadores de transporte público, repartidores a domicilio, farmacéuticos, dependientes de supermercados, personal de limpieza, otros cuidadores y algunos más que están en primera línea… se encuentran contínuamente con situaciones de sufrimiento, y las que están viviendo con esta crisis del Covid-19 les está generando un desgaste emocional difícilmente equiparable a cualquier otro que hayan vivido hasta ahora.

Es posible que muchos no identifiquen sus necesidades tratando de seguir ayudando a los demás a toda costa. La sociedad los ha convertido en sus héroes y como es bien sabido “los héroes no se rinden”, y eso puede impedirles mostrar su vulnerabilidad y no pedir ayuda. No nos olvidemos que todo ser humano es vulnerable y, aunque ahora están dando lo mejor de sí mismos, llegando a la extenuación y forzando la máquina, ellas y ellos también son frágiles.

Los protocolos estrictos de protección y limpieza, tanto en los lugares de trabajo así como antes de llegar a casa, pueden convertirse en patológicos y llegar a ser obsesivos, al ocupar gran parte de sus pensamientos. El miedo a contagiarse a ellos mismos o a los demás son, para la mayoría, una fuente de preocupación y angustia. Es cuando estas personas llegan a sus hogares, cuando se supone que pueden permitirse parar, y expresar cómo se sienten, aunque no siempre es posible.

Los motivos son diversos: algunos o algunas llegan a casa y están solos, otros se encuentran a su familia o personas con las que conviven, que llevan días confinadas en casa, con sus necesidades y demandas particulares. Conectar con el dolor emocional implica poder verbalizar y pedir lo que se necesita. Parar, llorar, gritar, pedir un abrazo, protestar, expresar frustración, buscar apoyo, manifestar miedo… y obtener consuelo, una respuesta empática y compresiva.

Tolerar y conectar con el dolor generado es el proceso emocional que va a prevenir el trauma posterior. Debemos cuidar a esas personas para que puedan tener un espacio en el que se sientan seguras para poder hablar de cómo les afecta la situación y el miedo al contagio por coronavirus; que se sientan apoyadas, reconfortadas por los suyos ya sea en el mismo hogar o a través de una llamada.

Ese apoyo es, también, otro modo de reconocimiento a todo ese personal sanitario y profesionales que están dejándose la piel por nosotros. Un agradecimiento que debería, además, ser algo inherente a la sociedad y existir siempre, y no aparecer únicamente en tiempos de crisis. Se lo debemos.