Sentirse débil, mareado o sin apetito pueden ser señales de numerosas afecciones. Si estos síntomas perduran en el tiempo, pueden indicar la existencia de un bajo nivel de glóbulos rojos o de hemoglobina en la sangre, un trastorno que se conoce como anemia y que puede darse por muchos motivos diferentes.

 

¿Qué es la anemia?

La anemia es la falta de glóbulos rojos sanos en la sangre. Estas células, también denominadas eritrocitos o hematíes, se producen en la médula ósea y son muy importantes para el buen funcionamiento de nuestro organismo, porque son las encargadas de transportar el oxígeno a los tejidos del cuerpo.

Cuando la sangre tiene menos glóbulos rojos de lo normal, o si no contienen suficiente hemoglobina –una proteína rica en hierro que le da a la sangre su color escarlata característico–, aparece la anemia.

La anemia es una alteración frecuente en mujeres, niños pequeños y adolescentes, y puede ser el resultado de trastornos hereditarios, problemas nutricionales (como la deficiencia de hierro o de vitaminas), infecciones, patologías de la médula ósea o incluso la exposición a fármacos o toxinas, entre otras muchas causas.

 

Los síntomas más frecuentes

Las personas que padecen anemia suelen sentirse débiles y fatigadas, y estar mareadas e irritables. Otros síntomas frecuentes son:

– debilitamiento del sistema inmunitario

– cabello en mal estado

– uñas frágiles

– sensación de hormigueo en las manos y en los pies

– pérdida de apetito

– palidez

– ritmo cardíaco irregular

– insomnio

– mayor posibilidad de infección de las heridas…

 

Tipos de anemia

La disminución de hematíes se produce por la pérdida de sangre, por una producción defectuosa o porque algo los está destruyendo. Dependiendo del motivo, encontramos diversas clases de anemia. Entre ellas, las más habituales son:

  • Anemia ferropénica: es la anemia más común y se produce porque los bajos niveles de hierro impiden la fabricación adecuada de los glóbulos rojos necesarios para transmitir oxígeno a las células. Son muchas las causas que la originan, pero la más frecuente es la pérdida de sangre por el tubo digestivo, lo que obliga a estudiar este órgano en la mayoría de los pacientes. No obstante, los niveles de hierro también pueden estar bajos debido a períodos menstruales muy abundantes, embarazo, trastornos hereditarios o una dieta que no proporciona la cantidad necesaria de este mineral.
  • Anemia megaloblástica: es otra anemia carencial, que, en este caso, se produce cuando hay bajos niveles de ácido fólico y vitamina B12. Este trastorno sanguíneo consiste en el agrandamiento de los glóbulos rojos. La malformación provoca que la médula ósea produzca menos hematíes o que mueran antes de que cumplan sus expectativas de vida, de 120 días.
  • Anemia perniciosa: es un tipo de anemia megaloblástica que se produce debido a una mala absorción de la vitamina B12 por parte del organismo. Para que la vitamina B12 pueda ser absorbida por el cuerpo, debe unirse al factor intrínseco gástrico una proteína secretada por las células del estómago. La ausencia del factor intrínseco puede deberse a una deficiencia genética o una enfermedad autoinmune.
  • Anemia falciforme: es una enfermedad de la sangre de origen hereditario que se produce porque los glóbulos rojos son anormales: tienen forma de hoz o media luna, en vez de su característica forma de disco. Esta anomalía dificulta la circulación de los hematíes y puede dar lugar a la obstrucción los vasos sanguíneos, causando síntomas como dolor en las extremidades. Los glóbulos rojos con forma de hoz también tienen una vida más corta, lo que provoca anemia porque no son reemplazados a tiempo.
  • Anemia hemolítica: tiene lugar cuando la velocidad de destrucción de los hematíes supera la de su producción. Los motivos para que esto ocurra se pueden encontrar en el propio glóbulo rojo, que no sea normal, o en factores extrínsecos (respuestas anormales del sistema inmunitario, infecciones, efectos secundarios de un medicamento, etc.).
  • Talasemia: conocida como anemia de Cooley, es un trastorno sanguíneo hereditario en el cual el cuerpo produce una forma anormal de hemoglobina, que ocasiona la destrucción excesiva de los glóbulos rojos.

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¿De qué forma se trata una anemia?

Puesto que la anemia puede ser producto de muchas y diversas enfermedades, su tratamiento dependerá, fundamentalmente, de la causa que la produzca. Por ello, es imprescindible llegar previamente a un diagnóstico adecuado.

En las anemias más comunes, lo habitual es que el médico recete suplementos de hierro, vitamina B12, ácido fólico u otras vitaminas y minerales para restablecer el equilibrio corporal. Pero, en casos más graves, pueden ser necesarias transfusiones de sangre, corticosteroides u otros medicamentos, con el fin de inhibir el sistema inmunitario, o el uso de eritropoyetina, un fármaco que ayuda a que la médula ósea produzca más células sanguíneas.

 

¿Lo sabías?

Existen muchos alimentos que aportan hierro al organismo. Entre ellos, la carne de vaca, pollo, pavo o cerdo y el hígado. También lo contienen algunos alimentos que provienen del mar, como las almejas o las sardinas. De entre las legumbres, la soja en grano y las lentejas son las leguminosas con más contenido en hierro. También los cereales integrales aportan este mineral al organismo.

Entre los vegetales, las espinacas y las acelgas contienen entre 3 y 4 miligramos por ciento de hierro de baja absorción. Si se combinan con cítricos ricos en vitamina C o con un poco de carne, su absorción se incrementa y el organismo aprovecha más su hierro.

Si te sientes alicaído, débil o mareado con frecuencia, acude a tu médico de referencia para que valore la posible existencia de algún tipo de anemia. Seguramente, solicitará la realización de una analítica de sangre para ver si algún parámetro asociado sale alterado, y te indicará qué tratamiento seguir para recuperar la normalidad.

 

Dr. Carles Rabassa
Director Médico de Atlántida