El ojo seco es una enfermedad crónica muy común que se produce cuando hay escasez de lágrimas o éstas están deterioradas. Todo ello produce una inflamación de la superficie del ojo. Es una patología ocular que no tiene una cura definitiva y que suele ser más habitual en las mujeres, sobre todo en los periodos de menopausia y posmenopausia.

Los ojos necesitan lágrimas para mantenerse saludables, y la falta de lubricación y humectación de la superficie del ojo (es decir, la córnea, conjuntiva y la película lagrimal) se da porque el ojo no produce la cantidad necesaria de lágrimas que necesita para mantenerse bien hidratado. También puede ser causada por unas lágrimas de mala calidad.

La baja producción de lágrimas o su mala calidad es consecuencia de una mala función de las glándulas de Meibomio, situadas en el párpado superior e inferior.

 

Sintomatología habitual

El síndrome de ojo seco también se conoce como queratoconjuntivitis y, en España, es un proceso que afecta a mucha gente todavía por diagnosticar. Se calcula que más del 60% de la población mayor de 45 años sufre este trastorno, alrededor de unos 5 millones de españoles. Sus síntomas pueden acarrear problemas de visión y suelen agravarse en ambientes secos o con mucho viento.

Estos son los síntomas comunes en los pacientes con ojo seco:

  • Escozor en los ojos
  • Ardor en los ojos
  • Sensación de sequedad
  • Sensación de arenilla
  • Visión borrosa
  • Sensibilidad a la luz
  • Pesadez en los párpados
  • Inflamación o irritación de los ojos
  • Dolor al usar lentes de contacto
  • Producir muchas lágrimas

 

¿Cuáles son las causas más comunes?

Actualmente, el síndrome de ojo seco es una de las patologías más presentes en las consultas oftalmológicas y su origen es multifactorial; es decir, existen muchas causas y factores de riesgo para padecer esta enfermedad ocular crónica.

Una de las causas más comunes en la aparición del trastorno de ojo seco es la alteración hormonal, sobre todo en las mujeres durante la menopausia, ya que estos cambios provocan una mala función de las glándulas lagrimales.

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Los factores de riesgo

  • Edad avanzada. Cuando más mayor, más posibilidad de desarrollar el ojo seco, ya que, a lo largo de los años, la lágrima va perdiendo calidad y se tiende a producir menos.
  • Alteraciones hormonales. Si es una mujer en edad menopáusica, existe mayor riesgo, debido a los cambios hormonales de esta etapa.
  • Alteraciones en la piel como el acné o la rosácea.
  • El uso abusivo de lentes de contacto o colirios y el hecho de haberse sometido a una cirugía ocular.
  • Padecer enfermedades inflamatorias crónicas de la superficie del ojo, como la conjuntivitis alérgica crónica y quemaduras oculares.
  • Padecer enfermedades autoinmunes como diabetes, lupus o fibromialgia.
  • Tomar algunos fármacos crónicos, como antidepresivos, píldoras para dormir, anticonceptivos, antihipertensivos y antihistamínicos, entre otros.
  • El uso descontrolado del ordenador u otros aparatos electrónicos de lectura.
  • Permanecer en un ambiente seco, con poca humedad o con mucho viento, o en espacios cerrados con el aire acondicionado o la calefacción al máximo.
  • Permanecer en espacios con mucha contaminación.

Muchos de estos factores de riesgo son prevenibles con unos hábitos saludables y con una toma de conciencia por parte de toda la población. Se debe evitar, entre otros, el uso abusivo del ordenador y otras pantallas para trabajar, estudiar o leer –si no se pudiera prescindir de ellos, hay que parpadear de manera frecuente– y, de la misma manera, controlar el uso de las lentes de contacto.

 

¿Hay tratamiento para el síndrome de ojo seco?

Esta enfermedad ocular no tiene una cura definitiva, pero sí se pueden evitar y/o curar las posibles lesiones que ocasiona en la superficie el ojo.

Existen tratamientos y consejos para aliviar los síntomas de los pacientes. Es decir, se deben controlar los factores de riesgo e incluir medidas ambientales, hidratar la superficie ocular y prevenir la inflamación. Para ello se puede:

  • Utilizar lágrimas artificiales para aumentar la lubricación de la superficie ocular. Se pueden comprar sin receta y usar las veces que se quiera. Compuestas por agua, estas lágrimas artificiales son una solución salina isotónica o hipotónica que ayuda a alargar la permanencia de lágrima artificial sobre la superficie ocular.
  • Usar colirios antiinflamatorios para reducir la inflamación de la superficie ocular producida por la sequedad.
  • Proteger los ojos del viento con gafas envolventes cuando se está al aire libre.
  • No fumar y alejarse del humo del tabaco.
  • Estimular la función de las glándulas lagrimales de Meibomio con calor local sobre los párpados, masaje en los párpados y limpieza de los bordes palpebrales.
  • Parpadear frecuentemente para mantener la lubricación de la superficie del ojo. Lo ideal es hacerlo, como mínimo, 12-15 veces por minuto.
  • Seguir una dieta rica en ácidos grasos omega-3 (pescado azul y marisco), que ayudan a mejorar la calidad de las lágrimas. También se recomienda aumentar la ingesta de alimentos vegetales y frutos secos, y beber mucho líquido.