Detectar si padecemos una intolerancia alimentaria no es fácil, porque a veces lo que nos produce malestar no es un alimento en concreto sino algún producto que se haya usado para procesarlo a lo largo de la cadena de producción y conservación. La intolerancia se produce cuando nuestro sistema digestivo no es capaz de digerir de forma correcta algún alimento. Los casos más comunes son a la lactosa y al gluten, pero hay muchos más.

Los síntomas pueden ser difusos, pero recurrentes, y suelen variar en cada persona, por lo que el diagnóstico debe ser individualizado. De todos modos, podemos sospechar que tenemos una intolerancia cuando de manera frecuente padecemos trastornos relacionados con la digestión –vómitos, estreñimiento, diarreas, gases…– pero también otras afectaciones como dolor de cabeza después de comer o incluso picor y dolor poco explicable . Sentirse hinchado o engordar demasiado sin motivo también pueden estar asociados a las intolerancias alimentarias.

Cuatro pasos

Si sospechas que puedes sufrir una intolerancia, hay un método en cuatro pasos, a base de descartes, que te puede ayudar a concretar cuál es el alimento que te la provoca:

1 – Apunta cada día lo que comes en cada comida.

2 – Observa si tienes alguno de los síntomas después de comer.

3 – Si después de hacer esta observación, sospechas de algún alimento, elimínalo de tu dieta y vuelve a hacer la comprobación a ver si los síntomas desaparecen.

4 – Si no mejoras, repite el proceso con otros productos sospechosos.

Es un método lento, pero es el que recomiendan los médicos para ir descartando alimentos hasta detectar el causante de tu intolerancia. También hay que tener en cuenta que el proceso puede ser aún más largo si la intolerancia no se debe a un alimento sino a algún producto químico.

De todos modos, cuando la situación persiste y afecta a la vida cotidiana, los médicos suelen derivar el paciente al especialista -endocrino-, que encargará un test específico. Consiste en un análisis de sangre para ver cómo reaccionan los anticuerpos del paciente con determinadas sustancias de los alimentos. De este estudio, se derivarán unas recomendaciones de alimentos que hay que evitar para evitar los trastornos.

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Intolerancias y alergias

Las intolerancias alimentarias producen malestar, con los síntomas genéricos que hemos descrito, y nos afectan porque quiere decir que nuestro estómago no es capaz de absorber todos los nutrientes que incorporamos a nuestra dieta. Pero no hay que confundirlas con las alergias, que pueden llegar a ser mucho más graves.

Las alergias son reacciones inmunológicas exageradas a consecuencia de la ingestión, la inhalación o el contacto con un alimento concreto, sus derivados o algún aditivo que se haya usado. Es decir, alimentos seguros y saludables para la mayoría de la población pueden ser para los que padecen la alergia un riesgo muy alto de sufrir trastornos graves, como inflamación, cierre de la garganta o dificultades para respirar. En casos extremos, puede llegar a comprometer la vida de los afectados.

Por lo tanto, ante cualquier sospecha lo mejor es pedir una visita al médico con el objetivo de hacer un buen diagnóstico.

Carles Rabassa, director médico de Atlàntida.